Las almas se mueven con un movimiento rápido, casi en caída libre y transformadora, con zarpazos directos, impidiendo que cualquier obstáculo pueda torcer ni desviar su pulso, pero tan pronto se apaga, el interés desaparece.
Allí yace un cuerpo pensativo que gira y se retuerce sobre sí mismo, libre de contradicción, abierto al desenlace, vulnerable ante el hilo de su identidad. El velo de su pensamiento que desciende verticalmente y se pliega sobre su conciencia se ha rasgado.
Oruga que lucha y se envenena con su cola, alas verdes que se pierden en el murmullo de su movimiento lento, silente, ausente. Esa respiración asfixiante busca la epifanía, va hacia el descubrimiento inevitable que multiplica y fragmenta la incertidumbre.
No hay vuelta de hoja. El ojo insistente ha calado en el interior, meditando o tal vez fingiendo hacerlo.
BlackHollow
1 comentario:
Gracias, Zinafat!?¿
No te parece que el extremo lleva al vértigo?
Me pasa mucho. Además, lo interesante está en descubrir lo oscuro y lo vacío de nosotros, sin quedarnos en ellos. No crees?
Grotesco? sí. Esa es, definitivamente, la idea.
BlackHollow
Publicar un comentario