16.11.09

La Calle 13 limpiando el sucio!

Dedico este post a la gente de la Calle 13:
@calle13oficial, @briansinmapa13, @peje13, @visitante13, @artuga13.
Afuego!
Los últimos dos meses se me antojan extraños, inusuales, variables; pues cuando trabajas con las palabras jamás podrás predecir lo que vendrá. Me asignaron una pauta y la cumplí.
En apariencia, el proceso sería sencillo: llegar, entrevistar, escuchar y luego, escribir. Sin embargo, nadie me advirtió que ocurriría esta inusitada sintonía con mi "objeto" de recopilación.
Entrevistar a Calle 13, hablar con Calle 13, esucharlos y verlos en vivo fue un pequeño gancho de izquierda que despertó aún más inquietudes sobre las tangibilidades de esta cultura, de esta "latinidad" que se desarrolla, se enseña y se contradice a sí misma desde su genésis, pero que se empeña en tomar caminos sustancial y, paradojicamente opuestos.
¿Por qué carajos las letras, las maneras y las oposiciones de Calle 13 golpean tantas sensibilidades? ¿Por qué todavía hoy, en este despiadado siglo de conexiones, desgarramientos y fragmentaciones, cuesta tanto escuchar y ver una verdad, o un punto de vista, expuesto con semejante firmeza? ¿Por qué gente de esta generación se pone la mano en el corazón y exclama -¡AVE MARÍA PURÍSIMA!- al escuchar cualquiera de las rimas de Residente?
¿Cuál es ese sistema de "defensa" que se activa en los latinos, -dueños del tercer mundo, dueños de todo y dueños de nada,- y los impela a desaprobar de manera incongruente pero radical, a una simple y cruda forma de expresión?
Hay algo extraño, insano y retorcido en esta insistencia que tiene nuestra sociedad de abrazar los estados de negación. Toda la basura que se proclama a diario en los sistemas políticos, en las posturas de activistas, de opositores, de estudiantes, de viejitos pensionados haciendo colas interminables en las puertas de un banco, de periodistas que señalan verdades y acusan mentiras; se desarrollan como esta gran maraña de causalidades que nos siguen empujando por el despeñadero. Y, esta, es quizás una manera de decir que hay que "cambiar este puto mundo", como grita profunda y carrasposa la voz del Residente en una de sus tantas cartas musicalizadas al pueblo latino: Ven y critícame.
El acercamiento personal a la cotidianidad de Calle 13 me ha hecho entenderlos en ciertos niveles: como artistas, como boricuas, como gente normal que come, va al baño, rumbea, que ama, que siente guayabo y que también se cansa de los demás, porque todos nos saturamos en algún momento, -¿o no?-. Pero la mayor sorpresa me la llevé tal vez en el propio show que dieran en Caracas el 29 de octubre, a donde asistí en calidad de periodista para hacer una cobertura sencilla del evento.
Sí, fue esa puesta en escena limpia, concreta pero retórica, y también el impecable sonido, la perfecta iluminación, la puntualidad, la soberbia de esas letras que se dejan tocar por un flow que te mueve del asiento -si es que aún permaneces sentado después de que inician-, los roots del increíble Dj PikaPika que se sostenía enérgico y alegre justo frente a mí, al lado derecho de la tarima, con su ritmo, su baile y su pachanga de dreadlocks que van y vienen al ritmo de la música. Fueron también aquellas 3 laptops que maneja el Visitante con maestría desde la otra esquina, invitando a los coros, "sacándole letras con la pista" al Residente; la aguda trompeta de Daniel Martínez, y la divina y estruendosa parodia del enmascarado del trombón que saca sonrisas porque sí a todo aquel que esté presente. De igual forma, el "batero" de la banda, Ismael reventando esos drums a conciencia y predilección de las letras, junto con todos los demás de la percusión: más panas guapos llenos de roots y sabor boricua, más flow, más congestión musical positiva: todo revienta con toda esta gente junta!
Pero la imagen queda incompleta sin esa amalgama perfecta que se refleja en notas, palabras, rimas, danzas frenéticas y a veces sublimes, como de danza clásica... con la PG13 y el Residente esta fiesta de locos se desquicia, definitivamente.
La interrelación, la fluídez, el espacio abierto de comunicación silenciosa entre la PG, Residente y Visitante, es una combinación deliciosamente mortal. ¡Qué vaina tan bella el cariño que se profesan estos hermanos! Son sus gestos, sus miradas que aprueban, ayudan y acompañan al otro en lo que hace, en lo que dice, e incluso, en lo que callan. Ustedes dirán ¡qué va, nada de eso se ve en un simple concierto! Y yo les replicaré diciendo que sí, absolutamente, sí. Hay un instinto de protección que se deshace en Residente cuando le agarra la cabeza a la PG y le da un beso en la frente, o cuando la protege de no golpearla mientras se mueven en tarima o en la simple manera de presentarla como su "hermanita chiquita pequeñita de la casa." Esta gente es una familia que comenzó a brillar con una luz propia que, poco a poco, desde hace ya casi más de 4 años, se ha convertido en un reflector vertical que está dejando ciego a medio continente, pues el efecto no se revierte, todo lo contrario: crece, acelera y le da chola profunda a un cambio que se está haciendo inevitable e ineludible: una nueva manera de quitarse las etiquetas y hacer música, prosa y lección social con la palabra REAL... " real como tener sexo sin condón, real como cualquier barrio de cualquier planeta, real como mis hermanas que no se han hecho las tetas..."
Real como la decadencia de nuestros pueblos que necesitan activarse en medio de tanta flojera, de tanta segregación, de tanto conformismo, de tanta payasada política absurda que sólo agudiza las fronteras y realza las deficiencias de nuestras culturas.
Yo no sé si lo que dice, hace y contradice a Calle 13 sea bueno o malo, porque simplemente no creo que exista tal cosa. Sólo creo que hay un par de boricuas que se nos están plantando en la cara y escupiéndonos REALIDADES que no nos gustan, que nos incomodan y nos hacen voltear la cara pa no quedar salpicados... Pero la verdad, no es necesario escuchar una canción como Pal'Norte, No hay nadie como tú, Los de atrás vienen conmigo o Querido FBI, para darse cuenta de que tenemos la cara no salpicada, sino embarrada de realidad... lo sencillo es montarse la máscara y dejarse caer al estilo libre "pa ver que pasa"... Lo difícil: darle volúmen a estas rolas y prestarle atención a lo que dicen sin abochornarse y salir corriendo.
La verdad es, que yo también quiero cambiar este puto mundo... pero la verdad es, que no sé cómo carajos hacerlo! Esto también es una manera de ser sincera.
Calle 13 tendría que hacer PAUSA y analizar qué hacer con el poder que tienen ahora, pues lo tienen. ¿PODER? Sí, poder. Y ellos lo saben, el propio Residente lo asume en una parte del guión del documental "Sin mapa". Pal que no me crea, véalo, repáselo, devuélvalo, dele stop y piense detenidamente en las palabras de René (Residente) cuando dice claro y conmovido en una escena fascinante, casi mística, frente a una fogata con un chamán del pueblo de Amantaní, Perú: "Tengo la cabeza llena de promesas (...) Tengo tantas ganas de hacer algo, de ayudar..." Y más adelante entenderá la magnitud del poder, de la herramienta inmensa que tiene en su mano: la convocatoria, la atención, el oído del pueblo, de un continente entero que lo escucha y dice: "vamos a ver qué nos dice este loco de mierda ahora...", pero que aún así, sigue escuchando y, al final del cuento, asume que "algo de verdad, algo de cierto hay en esa porquería que dice". De esos sobrán en Twitter, gente que asegura odiar al cafre de Trujillo pero que no pasa un día sin revisar los tweets de @calle13oficial y que, ni por equivocación, lo borran de sus contactos.
Contradicciones... Así es la vida.
Si Calle 13 quiere seguir adelante con esta embarrada continua de REALIDAD en los oídos de quienes les escuchamos y seguimos, si quieren ayudar a "limpiar el sucio" de este ya bien gastado y cansado mundo, tienen que agarrar esos 11 Grammys, toda la "fama", el reconocimiento, el amor, la entrega, la lealtad del público, e incluso, su odio... y convertirlo en más talento, más producción, en más jugo de vida potente que te exprime el cerebro a punta de golpes de sonido que te obligan a ver. Sin lubricación.
El cafre de Trujillo conoce lo que hace... pero ¿sabe lo que hace? Daría lo que no tengo por poder preguntarle a René (tranquilamente, sin tener que "jalarle" mecate 20 horas por el Twitter para lograr respuesta, hacer maromas, gritarle silenciosamente a mi PC o competir con las cientos de miles de pechugonas que le hablan y reciben "follows" en 2 segundos) si realmente toda esa seguridad que emana, ese afán de mostrarse y sentirse centrado, se traduce en que él, honestamente, SABE lo que hace...
Que el Residente no pierda la perspectiva, que entienda (y si ya lo entiende, que lo profundice) que somos un puto mundo infinitamente diverso, complejo, lleno de tantos miedos, de tantos frenos y de tanta velocidad a la vez que hace que la capacidad de disolución sea altamente posible.
Tienen la potencia, la virtud y las ganas de hacerlo bien, y lo pueden seguir logrando, de eso no tengo dudas. Pero este último año, ha sido dura y ricamente aleccionador para la Calle 13 y de todo esto tienen que brotar letras, ritmos y escenarios fantásticos, sublimes, igual de fuertes, igual de inevitables, igual de rebeldes con muchas causas, con muchas lecciones, con muchos sabores. Tiene que ser así. Lo exigimos así.
.PAUSA.
Hay mucho más qué decir de esta gente que, extrañamente, se ha convertido en un punto importante de reflexión para mí. Pero me detengo justo ahora, porque quiero seguir posteando más adelante, sobre todo de la historia que contará cómo Residente se sonrío cuando en una rueda de prensa le pregunté sobre lo socio-artístico, a lo cual me respondió con "¿qué? ¿socio-altístico?." Harina del mismo costal que no utilizaré en este post.
BlackHollow