21.6.06

Boulevard dos, cruce con soledad

He sido testigo de una conversación absurda. Dos figuras a contraluz se desencuentran, se tienen y se dejan. La mirada lejana, perdida y enajenada es la constante entre los dos; no hay motivo para cambiar de estrategia, se sienten cómodos con su desgracia, no lo pueden evitar y van fluyendo como un bloque en medio del océano.
Los labios cerrados se queman por la saliva contenida, reprimida y espesa, caliente, mojada y adolorida, deseante y repugnante, sola y acompañada. Las palabras se golpean dentro del pensamiento, pelean por emerger y por herir, pero algo, un no sé qué las detiene, quizá porque ya se han dicho o tal vez ya no son necesarias.
Ha pasado media hora y la escena no ha cambiado. La lluvia llegó, el rocío empapó y la tierra cedió. El agua ablandó lo que parecía no tener sentido ni revés, pero las lágrimas de ellos nunca se dejaron ver, simplemente se secaron por el frío y el adiós. Lástima, ellas hubieran podido amasar al orgullo, y las miradas se habrían visto y el silencio habría gemido.
-Aquí está la cuenta- dice el mesonero.
Uno de ellos saca su billetera y paga con desesperanzas...
-Está completo, conserve el cambio-.
BlackHollow

15.6.06

El extremo de lo posible

Las almas se mueven con un movimiento rápido, casi en caída libre y transformadora, con zarpazos directos, impidiendo que cualquier obstáculo pueda torcer ni desviar su pulso, pero tan pronto se apaga, el interés desaparece.
Allí yace un cuerpo pensativo que gira y se retuerce sobre sí mismo, libre de contradicción, abierto al desenlace, vulnerable ante el hilo de su identidad. El velo de su pensamiento que desciende verticalmente y se pliega sobre su conciencia se ha rasgado.
Oruga que lucha y se envenena con su cola, alas verdes que se pierden en el murmullo de su movimiento lento, silente, ausente. Esa respiración asfixiante busca la epifanía, va hacia el descubrimiento inevitable que multiplica y fragmenta la incertidumbre.
No hay vuelta de hoja. El ojo insistente ha calado en el interior, meditando o tal vez fingiendo hacerlo.
BlackHollow

12.6.06

El vértigo de su pensamiento

¿Quién eres hombre? un hombre sin nombre.

Ella es la virginal vanidosa que hiciste caer ante ti. Cuando hayas llegado al final de tu destino el periplo te habrá transformado. Se arrastrará tu vieja piel por la azul vereda, y tus heridas al aire arderán y quemarán, dolerán. Lo sientes y lo sabes. Contienes el grito porque el secreto se ha escapado de tu jaula. Callas, sangras.

Despega tu imaginación y regresa con su imagen, revolotea en tu cabeza y cuelga de sus pies en tu conciencia, conciencia que se diluye con la niebla, se fragmenta en el vacío con el oscuro líquido que brota de tus venas, se solidifica con cada intento por eternizar tus tormentos, esos que han hecho polvo a tu elocuencia.

Oscuridad que alumbra sin querer, que cerca tus sentidos y detiene la palpitación. Se turba tu conciencia cuando percibes que comprendo lo escondido en tu interior; bajo la mirada y voy profundo hacia tus demonios. Camino sobre tus misterios, veo la niebla, cuerpos podridos y descompuestos, oigo gemidos, culpables, víctimas y criminales, tus abortos, tu carne desnuda y putrefacta, tus sombras, sus sombras. La virginal vanidosa se acerca, abre su mano y me muestra dos máscaras, la aborrecida y la deseada: mundos separados.

Sigo en lo profundo, me sumergo en lo perverso, en lo espeso; te siento en el exterior: agitaciones sin sentido, murmurando sin dirección ni control. Ella ha ascendido, se sienta a tu lado, solloza en tu oido, gime en tu silencio.

Tus heridas se han abierto, extrañamente ya no sangran, el líquido se ha ausentado. Sangran las palabras, mas no las heridas. Te han desmembrado. Tu figura se desfigura con cada paso, sabes que has perdido el control; ya no sudan las manos, no tiemblan, no gritan pero existen. Tu cuerpo se ha quebrado, yace morado e insepulto, frío, muy frío ¿Sabes lo que eres?

La metamorfosis terminó. ya no eres nada más que el hedor de un sentimiento, el pus de una emoción, la carroña de lo que un día fue deseado. Tú, triste oruga en pleno aborto, ahora eres sólo una lágrima negra que sale de sus ojos desorbitados y oscurecidos.

Algo, tal vez como un rayo en la noche, desde aquello que no subyace en el tiempo, que da vida a un ser tan denso y negro, que lo niega y lo irradia desde el interior, lo invade de arriba a abajo debiéndole su realidad a su ser desgarrado que se pierde en un espacio firmado con su poder; finalmente calla, a pesar de haberle dado un nombre a todo lo oscuro.

BlackHollow