21.6.06

Boulevard dos, cruce con soledad

He sido testigo de una conversación absurda. Dos figuras a contraluz se desencuentran, se tienen y se dejan. La mirada lejana, perdida y enajenada es la constante entre los dos; no hay motivo para cambiar de estrategia, se sienten cómodos con su desgracia, no lo pueden evitar y van fluyendo como un bloque en medio del océano.
Los labios cerrados se queman por la saliva contenida, reprimida y espesa, caliente, mojada y adolorida, deseante y repugnante, sola y acompañada. Las palabras se golpean dentro del pensamiento, pelean por emerger y por herir, pero algo, un no sé qué las detiene, quizá porque ya se han dicho o tal vez ya no son necesarias.
Ha pasado media hora y la escena no ha cambiado. La lluvia llegó, el rocío empapó y la tierra cedió. El agua ablandó lo que parecía no tener sentido ni revés, pero las lágrimas de ellos nunca se dejaron ver, simplemente se secaron por el frío y el adiós. Lástima, ellas hubieran podido amasar al orgullo, y las miradas se habrían visto y el silencio habría gemido.
-Aquí está la cuenta- dice el mesonero.
Uno de ellos saca su billetera y paga con desesperanzas...
-Está completo, conserve el cambio-.
BlackHollow

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