4.5.07

Al demonio

Precisamente hoy, hace tan sólo horas atrás estaba haciendo un real "pajeo" (como diría la recurrente Mari) diciendo idioteces que salen en esos momentos de ensueño en los que crees que carajo "¡la vida te abraza de vez en vez!", pero qué va... te devuelve al piso con inmediatez. Como sea, estaba diciéndome que: "a veces, tenemos que ser conformistas, y entender que unas son de cal, otras son de arena, que unos vienen y se quedan y otros simplemente, vienen... y se van; que aceptar a veces es bueno (casi siempre) pero otras no lo es, se convierte en algo pesado, que te ahoga, que te hace ir contra tus convicciones, contra tus afectos, incluso contra los mismos defectos que te alejan y te acercan de un momento a otro."
Ya no sé cuál es el objetivo de entregarle a otro, ya no le veo sentido a ciertas palabras que parecen tan grandes, pero que al final, en la hora real, en el momento crucial: se vuelven menos que polvo, se vuelven nada...
Ya no quiero seguir entregando. Ya no quiero seguir apretando los dientes y contando hasta el infinito para aguantar, y aguantar, y seguir aguantando. Uno se cansa, la fatiga agobia, te sientes en descenso y no entiendes por qué tiene que seguir repitiéndose todo una y mil veces más.
No sé qué escribo...
No sé qué es esto que se corre entre los dedos y el teclado hasta llegar a la palabra.
Mañana, lo detestaré, estoy segura. Así como detesto esto... este maldito vacío que no me deja, esta sombra inútil que sólo me deja soledad, incertidumbre y un sabor amargo que no desaparece.
Tal vez, todo comienza a morir antes de nacer. Tal vez, mi mayor cáncer sea esto, esto que está quemando y no puedo apagar, aunque quiera.
Quiero mandar al demonio este día, quiero desaparecer esta angustia y liberarme de lastres innecesarios, quiero cesar de proponer afecto, cercanía, comprensión, ayuda, presencia, lealtad, oído, silencios, calidez, cariño... quiero dejar de hacerlo, porque pareciera no valer la pena, porque me están rompiendo fibras de nuevo, porque quiero evitarlo, pero no sé cómo...
Tendré que aprender. Tendré que cerrar aún más y más mi caparazón, no dejar que entre nada ni nadie, pues... qué más da al final, negro o blanco, arriesgando o preservando: la jugada sale mal, la hoja se dobla, y las fuerzas se acaban.

1 comentario:

Anónimo dijo...

niña linda. Entregar indiscriminadamente como lo hacemos (con alegría y facilidad, porque es así) no es lo malo. LO errado es esperar a cambio. Pero siempre existe el dicho que la vida es un boomerang y sí que lo es. La vida da muchas vueltas y usted niña está sembrando, pronto cosechará. Esto no tiene que ver con la justicia (ni la divina ni la terrenal) esto tiene que ver con la energía de amor. Así que no cierre su caparzón, contemple lo bella que es.